martes, 15 de abril de 2025

Alguna vez enseñé a leer y a escribir

 

MI EXPERIENCIA EN CONAFE

COMO INSTRUCTOR COMUNITARIO


Después de que me vine de la Cd. De México, no había concluido mis estudios en el Tec de Monterrey Campus Estado de México. Pensaba que podría hacer, para ganarme la vida.


Por mi enfermedad y mi tratamiento, tenía claro que no podía estudiar una carrera universitaria por el momento. No quería estar en la casa también.


Quería hacer algo por mi mismo.


Así que decidí entrar a CONAFE, como instructor comunitario, sabía que pagaban un salario mensual por ir a dar clases en una comunidad, y al finalizar el servicio, daban una beca.


Fui a preguntar un día directamente a CONAFE MORELIA, me dijeron que el pago era de $1,200. mensuales por 1 año de servicio como instructor comunitario, y que al finalizar el servicio tenía dos opciones, tomar una beca por 3 años de $800. mensuales o continuar como capacitador otro año con un pago de $3000. mensuales.


Ese día que fuí a CONAFE MORELIA, me encontré con un capacitador que se llama Crecencio, y que necesitaba un instructor comunitario en su equipo para dar clases en una comunidad.


Platicamos sobre la comunidad, me dijo que se encontraba a 7 horas de Morelia.


Como las cosas se habían dado desde el primer momento, acepté.


Regresé con Crecencio a mi casa de mis abuelos, para que les explicara a mis tías y abuelos de qué se trataba.


Tomé mi ropa y algunos libros y me despedí de mi familia.


Mi tía Ceci, me preparó comida para llevar y me dio algo de dinero.


Les dije a todos que regresaría pronto.


Me fui con Crecencio para la primera capacitación, que se iba a realizar con más capacitadores.


La capacitación, se realizó en otra comunidad más alejada.


Nos fuimos a Tafetán, en un autobús que aquí en Morelia se les dice Guajoloteros, o Guajoloyets, efectivamente hizo 3 horas de camino, me comentó Crecencio que mi comunidad estaba a 4 horas de ahí caminando en terracería.


De Tafetán fuimos a otra comunidad para la Capacitación.


Hicimos algunas horas de camino para llegar.


La capacitación duró 1 mes en esa comunidad.


En la comunidad nos daban de comer.


Éramos como 20 instructores comunitarios, que íbamos a dar clases en esa zona en diferentes comunidades.


Todos dormíamos en la escuela de esa comunidad por las noches mientras duraba la capacitación.


En la noche, se oían ruidos de los instructores, algunos hablablan toda la noche, la verdad no dejaban dormir.


Desde el principio llevaba una lámpara de pilas, y mejor me ponía a leer en las noches.


Recuerdo que compré como 20 pilas y lámparas de repuesto para no se me acabara la luz.


En las comunidades no había luz todavía hasta ese momento, estámos hablando de el año 2001, en ese entonces apenas se veían algunos postes de luz que iban poniendo poco a poco, con apoyo del gobierno y apoyo de las comunidades.


Sólo había luz en Tafetán, pero en las comunidades no.


En la noche se necesitaba usar lámparas.


En aquél entonces, el medio de transporte, era una camioneta grande, que transportaba de todo, iba de Tafetán por una ruta establecida, transportando a las personas, animales, costales, etc. Y cobraba cierta cantidad por la distancia y según lo que llevaras de equipaje.


Obviamente no dejaba exactamente en el lugar que querías, te bajabas lo más cerca de donde ibas.


Otras veces pasaban camionetas de particulares que te daban raite por el camino.


Y otras veces a caminar, todo lo que fuera necesario.


Y había que caminar lo más rápido posible, porque si no llegaría la noche.


Durante la capacitación en el día, nos bañabamos en un río que estaba en esa comunidad.


Ahí pasábamos como 1 hora o 2 horas en el agua.


Después desayunábamos, lo que nos podían ofrecer.


En la capacitación nos dieron libros, material de apoyo y nos explicaban algunas cosas.


La mayor parte de las tardes las teníamos libres.


Algunos compañeros se ponían a jugar futbol.


Algunas compañeras platicaban entre sí.


Por lo regular yo tomaba algún libro y me ponía a leer en algún lugar junto a un árbol.


Otras veces platicaba con algún compañero o compañera.


Pensaba mucho en mi decisión que había tomado, y en todo lo que quería lograr más adelante.


Terminó la capacitación al mes, y teníamos que regresar a Morelia a una reunión general con todos los instructores de la región MORELIA, y reanudar actividades un lunes pero ya en nuestra comunidad que nos tocaba para dar nuestro servicio de Instructor Comunitario.


La mayoría de los instructores, ya tenían asignada su comunidad y ya la conocían, porque la mayoría de los instructores del grupo en el que estaba eran de todas esas comunidades.


Regresé a Morelia después del primer mes, invité a algunos instructores a comer a mi casa.


Recuerdo que mi familia nos recibió bien.


Fuimos a la capacitación en Morelia, y me regresé con Crecencio a la comunidad donde me tocaba.


El camino era de 3 horas en Guajoloyet a Tafetán. Y de ahí caminábamos 1 hora en terracería, hasta llegar a un río. Después de ahí subíamos 1 hora por una montaña y llegando a una cima, bajábamos, lo que habíamos subido duarante 1 hora y ahí al final estaba la comunidad que me había tocado. En total eran 7 horas de camino.


La comunidad que me tocó se llama Jahuical, Municipio de Tzitzio.


Desde ese momento, yo me regresaba a Morelia, todos los fines de semana.


Saliendo de clases el viernes me regresaba a Morelia y regresaba el domingo por la noche a la comunidad.


Solo que ahora ya me iba más equipado, me llevaba muchas pilas para toda la semana, muchas bolsas de dulces, me llevaba sufiente ropa para cambiarme todos los días, papel de baño, además me llevaba comida enlatada, leche en polvo enlatada. Y muchos víveres, frijol, sopas, arroz. Colchonetas, cobijas, y bastantes libros.


Me llevaba el carro que tenía un Tsuro blanco, modelo 97.


Le llenaba toda la cajuela cada fin de semana.


Le llenaba el tanque cada fin semana.


Algunas cosas se las daba a la familia con la que me tocó quedarme. Siempre les llevaba algo.


Mis días en la comunidad eran los mejores.


La señora donde me quedaba a vivir, todos los días nos tenía el desayuno listo a las 7 a.m.

De 7 a 8 a.m. Era el desayuno.


Desayunábamos todos los días sopa calientita, con tortillas recién hechas.


Yo siempre me comía toda la sopa, con esas tortillas enormes que preparaban.


Al terminar siempre me comía 2 tortillas solitas, la verdad me sabían muy rico.


La escuela quedaba cerca de ahí, me iba con todos los niños de la comunidad a las 8 a.m. A la escuela, y regresábamos a las 2 p.m.


Al regresar ya nos tenían de comer.


Y a las 7 p.m. era la merienda de nuevo.


En la noche a la hora de la merienda ya estaba oscuro, y ponían velas en la mesa. Se me hacía ese momento maravilloso, porque en la ciudad no hay nada de eso.


Siempre tan acostumbrados a la luz eléctrica.


Mi cuarto para dormir, era la bodega del maíz donde guardaban los señores la cosecha.


Durante las noches, aprovechaba ese momento para leer.


Todas las noches leía de 2 a 3 horas, con la lámpara que me llevaba.


La verdad disfrutaba mucho ese tiempo.


Cada mañana era la misma rutina, de lunes a viernes, desayuno y clases.


Por las tardes, después de la comida, yo aprovechaba para estudiar con todos los alumnos, nos reuníamos para seguir enseñándoles a leer y escribir, para esto mi forma de enseñarles era que quien me leyera una página completa del libro le regalaría 1 dulce. Si querían más dulces, me tenían que leer otra página del libro, la dinámica era una página completa leída y se ganaban 1 dulce.


También me tenían que transcribir una página completa del libro, y se ganaban 1 dulce también.


Así durante 1 año.


Daba clases de lunes a viernes.


Cada fin de semana regresaba con víveres para apoyar a la comunidad.


Y para mis alumnos, con muchas bolsas de dulces para estudiar todas las tardes.


Además también regresaba con muchos libros de lectura para todos mis alumnos, y con muchas libretas y lápices, para enseñarles.


Sabía que un año era poco para poderles enseñar, pero me propuse enseñarles a todos a leer y a escribir bien, a todos por igual, de todas las edades, aprovechar todas las tardes, para cumplir mi propósito de que supieran leer y escribir.


Regresaba a Morelia también cada mes a CONAFE MORELIA, para la junta general de cada mes, y para cobrar mi cheque de $1,200. mensuales. La verdad nunca fue mucho para todo lo que yo hacía y daba en la comunidad, era como un apoyo al final de cuentas, pero que de todas maneras servía.


El 6 de enero les regalé muchos juguetes a todos mis alumnos, se sorprendieron muchísimo.


Ningún maestro había hecho algo así por ellos.


Estaban muy contentos conmigo y yo con ellos.


A cada rato me decían maestro, le leo una hoja del libro. Yo siempre les decía que sí, y se ganaban 1 dulce.


O me transcribían una hoja completa del libro y también se ganaban 1 dulce.


La verdad con mi técnica de enseñanza, logré que incluso el más chico de los alumnos que era de 5 años, aprendiera a leer y a escribir como un alumno de 12 años.


Eso me sorprendió a mi, y siempre lo he sentido como un éxito, porque todos mis alumnos lograron leer y escribir bien.


Les motivaba para que cada vez hicieran la letra más bonita.


Lograron leer todos muy bien.


Escribían también muy bien.


Siempre me sorprendí de este éxito.


Sobre todo el gran logro de mi exalumno de 5 años en ese entonces. Siempre me hizo reflexionar, en por qué el sistema educativo es de 6 años para primaria. Yo logré en 1 año con Bertin, lo que las escuelas normales hacen en 6 años, y sobre todo para su edad en ese entonces con 5 años.


Sorprendente. Fue uno de mis mejores logros que llevaré en mi corazón toda mi vida.


Siempre me comprometí conmigo mismo a cada momento, sería el mejor maestro para mis alumnos durante mi servicio de CONAFE.


Todos terminaron el examen de final de curso con 9 y con 10 de calificación final por parte de CONAFE.


Al final, todos querían que me quedara otro año más, todos los padres de familia y todos los alumnos.


Pero había tomado la decisión de regresarme a Morelia.


El último día, se reunieron todos en la comunidad para despedirme, todos con lagrimas en los ojos, y yo también.


Los papás y los alumnos me regalaron la mesa donde les daba clase, para que los recordara siempre y nunca los olvidara. Mesa que aún conservo hasta la fecha, y es mi escritorio donde esribo siempre desde entonces hasta ahora. Es donde más me gusta escribir. He intentado comprar otra mesa especial para mi como escritor, pero ninguna me gusta más como esta mesa tan especial para mi.


Bertin el más pequeño de mis alumnos, me regaló sus plantitas.


Todos me dieron abrazos, grandes y chicos.


Todos me dieron las gracias.


Y me regresé para Morelia.


Había cumplido mi Misión, Que todos mis alumos leyeran y escribieran muy bien. Ahora todo dependería de ellos de ahora en adelante.


Con este pensamiento regresé a Morelia.


Dando gracias a Dios por todo lo vivido, por todo lo que pasé, dando gracias por todo lo logrado.


Gracias Dios inmensamente por esta gran experiencia.


Había concluido una etapa de mi vida satisfactoriamente.


CESAR AUGUSTO SOTO FAJARDO

creoenmisuenos@gmail.com






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sanando mi herida con mi padre

Sanando mi herida con mi padre   Dice un mandamiento de Dios, Honrarás a tu padre y a tu madre. 1. Honrar no siempre significa idealizar: ...